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El Caserón del Alquimista: un Encuentro con un Zarzículo Letal Adaptable a Cualquier Sistema

En este artículo, encontrarás una idea para un encuentro aleatorio y una localización de aventura diseñada para integrar fácilmente en tu partida. No presume el uso de ningunas reglas concretas, por lo que necesitarás adaptar las estadísticas y el botín al sistema que estés usando en tu mesa.

En la falda de la montaña, junto a un sendero de cabras olvidado por el tiempo, se alza la ruina de un caserón abandonado. Su fachada de madera carcomida apenas se sostiene, mientras que una de las paredes está completamente cubierta por un intrincado entramado de zarzas espinosas. Estas plantas, adornadas con delicadas flores blancas que una vez fueron el orgullo de su creador, son parte de un zarzículo acechante: una criatura vegetal semiconsciente que se alimenta de carne y protege celosamente el interior del edificio.

El zarzículo fue cultivado por el alquimista solitario que habitaba el lugar, quien dedicó su vida al estudio de la botánica mágica. En su afán por perfeccionar sus experimentos, cultivó al zarzículo. Sin embargo, la planta creció más allá de su control, volviéndose depredadora. Cuando el alquimista intentó destruirla, esta lo devoró, convirtiéndose en la única residente del lugar desde entonces. Ahora el zarzículo acecha desde la pared de la casa, llenando el aire de un aroma dulzón que atrae a los incautos.

Wall of Blossoms, por Heather Hudson

El caserón no está vacío. En el desván, accesible por una escalera rota y cubierta de raíces, yace un correo raptorano escondido entre los restos de muebles carcomidos y lianas. Su ala izquierda cuelga en un ángulo antinatural, quemada y rota por el impacto de un rayo. Este mensajero alado fue derribado durante una tormenta, pero el rayo no fue un accidente: lo conjuró un mago al servicio de una organización de mercenarios que buscan desestabilizar la región.


El raptorano, buscando refugio desesperado, aterrizó en el caserón entrando a través de un agujero en el techo, pero ahora no puede volar debido a su herida. Lo que parecía un escondite seguro pronto se convirtió en una trampa mortal: el zarzículo bloquea su única vía de escape. La criatura extiende sus lianas alrededor del desván, forzando al raptorano a permanecer inmóvil, temeroso de ser atacado. Su situación es crítica: la infección avanza por su ala, y está agotado tras varios días sin agua ni comida.

Si los PJ lo rescatan, el raptorano les revelará la importancia de su misión. Lleva consigo un tratado de paz destinado a unir a su pueblo con un pueblo humano cercano. Sin este documento, las tensiones entre ambas comunidades podrían escalar hasta una guerra abierta. Su gratitud hacia los aventureros será inmensa, ofreciéndoles palabras en su lengua natal, Tuilvilanuue, que garantizan hospitalidad entre su gente.

En el sótano parcialmente derrumbado, se encuentra el laboratorio donde el alquimista realizó sus experimentos. Aunque muchas de las herramientas y pergaminos están destruidos, los personajes pueden encontrar algunos objetos útiles como un frasco con fertilizante alquímico, capaz de hacer crecer cualquier planta en segundos, con efectos impredecibles o unas semillas mágicas, que al plantarse generan plantas peligrosas o con bayas curativas, dependiendo del entorno.

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